Agua con gas y deporte: ¿puedes beber burbujas antes o después de entrenar?

Septiembre es el mes en el que medio país vuelve al gimnasio. Y con la vuelta a la rutina reaparece una duda que nos llega bastante por redes: si en casa tienes agua con gas siempre disponible, ¿tiene sentido llevarla al entrenamiento? ¿Hidrata igual? ¿Sienta mal?

La respuesta corta es que depende mucho del momento. La respuesta larga, con lo que dice la evidencia disponible hasta ahora, es esta.

¿El agua con gas hidrata igual que el agua sin gas?

En condiciones normales, es decir, en tu día a día, sin haber sudado media camiseta, la respuesta es que sí. El agua con gas es agua y dióxido de carbono disuelto: no lleva azúcares, ni calorías, ni aditivos. A efectos de hidratación cotidiana, funciona como cualquier otra agua.

Donde el matiz se vuelve interesante es en el contexto concreto de la rehidratación después de perder líquidos.

Un estudio publicado en 2026 en la revista Nutrients puso a prueba exactamente eso. Quince adultos realizaron tres series de 20 minutos de ejercicio en escalón a 25 °C hasta alcanzar una deshidratación leve (en torno al 1 % del peso corporal). Después, cada participante podía beber libremente durante 180 minutos una de estas cuatro bebidas: agua, agua con gas, agua con electrolitos o agua con gas y electrolitos.

El resultado fue revelador. Quienes bebieron agua sin gas ingirieron un volumen significativamente mayor que el resto. Y quienes bebieron agua con gas sin electrolitos tuvieron la peor recuperación de líquidos de los cuatro grupos.

Ahora viene lo importante: el problema no era que las burbujas hidrataran peor. Era que, con burbujas, la gente simplemente bebía menos. La sensación de plenitud gástrica corta las ganas antes. Cuando los investigadores añadieron electrolitos al agua con gas, la retención de líquido mejoró y la eficacia de rehidratación se volvió comparable a la del resto de bebidas.

Conviene señalar dos límites del estudio: la muestra era pequeña (15 personas jóvenes y sanas) y la investigación estuvo financiada por una empresa de bebidas, con varios coautores empleados de la compañía. No es motivo para descartarlo, pero sí para leerlo como una pieza más y no como la palabra definitiva.

Antes, durante y después: la guía práctica

Antes de entrenar

Sin problema, siempre que dejes margen. Un vaso de agua con gas una hora antes de salir a correr no debería darte ninguna molestia. Si la tomas cinco minutos antes de un entrenamiento intenso, es más probable que notes pesadez.

La sensación de saciedad de las burbujas juega aquí a favor y en contra: te ayuda a no llegar con hambre, pero también puede hacer que llegues con el estómago más lleno de lo que te gustaría.

Durante el entrenamiento

Aquí la recomendación es bastante clara: agua sin gas. Durante el esfuerzo, el CO₂ liberado en el estómago puede provocar hinchazón, sensación de pesadez o reflujo, especialmente en deportes de alta intensidad o con impacto como correr, saltar, entrenamientos de fuerza pesada.

Además, si la carbonatación hace que bebas menos, estás yendo justo en contra de lo que buscas mientras entrenas. La botella de la sesión, mejor lisa.

Después de entrenar

Este es el momento en el que más se dispara la pregunta, y la respuesta tiene matices. Si has sudado poco: una clase suave, una sesión corta, tiempo fresco, un agua con gas fría es una forma perfectamente razonable de recuperar líquidos, y para mucha gente resulta más apetecible que el agua sola.

Si has sudado mucho, en cambio, el objetivo es reponer volumen y sales. Ahí el agua con gas a secas es la opción menos eficiente según el estudio de Nutrients. Dos soluciones sencillas: bebe primero agua sin gas y deja las burbujas para el rato del sofá, o añade una pizca de sal y un chorro de zumo de limón a tu agua con gas casera para acercarte a una bebida de rehidratación real.

El punto donde las burbujas sí ganan

Hay un escenario en el que el agua con gas juega claramente a favor del deportista, y no tiene nada que ver con la fisiología: la adherencia.

Mucha gente no bebe suficiente agua a lo largo del día simplemente porque el agua sola le aburre. Si las burbujas hacen que llegues a los dos litros diarios sin recurrir a refrescos azucarados ni a bebidas isotónicas que no necesitas, ese beneficio es real y pesa más que cualquier diferencia marginal en un índice de hidratación.

Y ahí es donde tenerla en casa cambia la ecuación. Comprar agua con gas embotellada tiene un techo de consumo evidente: el peso, el espacio en la despensa y el precio. Hacerla en casa con una máquina como Burbujito elimina esas tres fricciones de golpe: abres el grifo, gasificas y ya está. Cuanto más fácil, más constante.

Tres ideas para llevarte

1.        Durante el ejercicio, agua sin gas. Es el único punto en el que la evidencia es bastante rotunda.

2.        Después, depende del sudor. Sesión suave, agua con gas sin problema; sesión dura, prioriza volumen y sales.

3.        El resto del día, la que más te apetezca beber. La mejor agua es la que efectivamente te bebes.

Y una obviedad que conviene repetir: si tienes reflujo, hernia de hiato, síndrome de intestino irritable o cualquier condición digestiva diagnosticada, lo que aquí funciona de media puede no funcionar en tu caso. Consulta con tu médico o con un dietista-nutricionista antes de cambiar tus hábitos.

Convierte el agua del grifo en tu bebida de después

Si quieres tener agua con gas siempre lista —para el mediodía, para la comida, para el rato de después de entrenar— sin cargar con packs de botellas, echa un vistazo a las máquinas de agua con gas de Congas. Y si ya tienes la tuya, con el Soda Club recibes los cilindros de CO₂ en casa antes de quedarte sin gas, con hasta un 30 % de descuento y sin permanencia.

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